jueves, 11 de junio de 2009



Instrucciones para llorar.


Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

viernes, 5 de junio de 2009




¿Qué es tu realidad?

¿Qué es este universo lleno de estupor?
¿Qué forma la simiente?

¿Quién es el cubo de la ruda del universo?
¿Qué es esta vida más allá de la
forma
que impregna las formas?
¿Cómo podemos entrar en ella plenamente,

por encima del espacio y del tiempo,

de los nombres y de las connotaciones?




Un hombre rico mandó a su criado al mercado en busca de alimentos. Pero al poco de llegar allí, se cruzó con la muerte, que lo miró fijamente a los ojos.
El criado palideció del susto y salió corriendo dejando tras de sí las compras y la mula. Jadeando, llegó a casa de su amo.

- Amo! amo por favor, necesito un caballo y algo de dinero para salir ahora mismo de la ciudad... si salgo ya mismo quizás llegue a Tamur antes del anochecer... por favor..


El señor le preguntó sobre el motivo de la urgente petición y el criado le contó a trompicones su encuentro con la muerte.
El dueño de la casa pensó un instante y, acercándole una bolsa de monedas, le dijo:

- Está bien. Sea. Vete. Llévate el caballo negro, que es el más veloz.


-Gracias, amor - dijo el sirviente. Y, tras besarle las manos, corrió al establo, montó al caballo y partió velozmente hacia la ciudad de Tamur.

Cuando el sirviente se hubo perdido de vista, el acaudalado hombre caminó hacia el mercado en busca de la muerte.

- ¿Por qué has asustado a mi sirviente?- le preguntó en cuanto lo vió.

- ¿Asustarlo yo? - preguntó la muerte.

- Sí - dijo el hombre rico - Él me ha dicho que hoy se ha cruzado contigo y lo has mirado amenazadoramente.


- Yo no lo he mirado amenazadoramente - dijo la muerte- Lo he mirado sorprendida. No esperaba verlo aquí esta tarde. Porque se supone que debo recogerlo en Tamur esta noche.


martes, 26 de mayo de 2009



el murmullo de ojalás...

viernes, 22 de mayo de 2009



Hasta entonces nunca me habían aterrado de esta forma los aeropuertos. ¡Lléname de abrazos, lléname de besos! que creo que anunciaron tu vuelo. Y entre lágrimas tu figura es devorada por la gente, y una fiera malholiente clava en mi alma sus afilados dientes. Sus afilados dientes.

Quedo con el sabor metálico de la soledad y deshojo el calendario. Tengo miedo, tengo frío y dudo, y hago repaso. Fugaz e indeterminada, como un sueño ha comenzado esta historia y no sé, en verdad, si fue real.

Quién me iba a decir que te iba a encontrar una noche casual, yo ejerciendo de torpe sentimental.
- "¿Qué haces aquí?" - A punto estaba de marcharme - "qué bueno es encontrarte". -

Y tú y yo inmóviles, y en torno a nosotros giraban colores, pasaban horas, rostros. Pasaban horas, rostros.

Pero nada de esto era importante, "así que háblame de ti y no pares". Apenas te dejaba la música con su metralla. "Cuéntame cómo era todo antes". Aunque seriamente dudo si en verdad hubo un antes, sólo recuerdo bien, con nitidez, que hubo un después.

Entre empujones, entre la gente, me acerco torpemente con taquicardia adolescente, en aquel bar donde no entra ni un rayo de luz, sé que fuera, sé que fuera amanece. Sé que fuera amanece.

Nuevos reencuentros, nuevas confesiones, y de repente me veo perdida en un aeropuerto, con las pesadillas que día a día me acompañan, cotidianas, con las que me atormento:

A qué son bailan tus caderas, qué sudores te alimentan, tengo tanto miedo de que olvides el camino de regreso, el camino de regreso.

miércoles, 20 de mayo de 2009


No te dejará dormir este estrépito infinito
que intenta llenar los días de tinieblas y enemigos.
Una estruendosa jauría se empeña en hacer callar
las preguntas, los matices, el murmullo de ojalás.

Ruido de patriotas que se envuelven en banderas,
confunden la patria con la sordidez de sus cavernas.
Ruido de conversos que, caídos del caballo,
siembran su rencor perseguidos por sus pecados.

Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.

Ruido de iluminados, gritan desde sus hogueras
que trae el fin del mundo la luz de la diferencia.
Ruido de inquisidores, nos hablan de libertades
agrietando con sus gritos su barniz de tolerantes.

Nunca pisa la batalla tanto ruido de guerreros,
traen de sus almenas la paz de los cementerios.
Háblame de tus abrazos, de nuestro amor imperfecto,
de la luz de tu utopía, que tu voz tape este estruendo.

Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.

martes, 19 de mayo de 2009




miércoles, 13 de mayo de 2009






Recuerda que cada vez que te sientas extraviada, confusa, piensa en los árboles, recuerda su manera de crecer. Recuerda que un árbol de gran copa y pocas raíces es derribado por la primera ráfaga de viento, en tanto que un árbol con muchas raíces y poca copa a duras penas deja circular su savia. Raíces y copa han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas: sólo así podrás ofrecer sombra y reparo. Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, sientate y aguarda. Respira con confianda profundidad con la que viniste al mundo, aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.

Ve donde el corazón te lleve.